En estas fechas se plantean dudas sobre si es neutral el trabajador que percibe regalos de los proveedores de la empresa o si son estas prácticas compatibles con los criterios de transparencia que buscan las compañías hoy en día. Las empresas deben tomar medidas para asegurar un determinado comportamiento por parte de sus empleados. Abordar esta cuestión requiere en muchos casos una reflexión interna para alinear el comportamiento de la plantilla en todas sus acciones con los valores de la compañía, con unas normas internas que formen parte del ‘compliance’ laboral de la organización.

Son muy habituales en estas fechas los envíos de regalos y obsequios entre clientes y proveedores, que se entregan como agradecimiento por la colaboración mantenida, con un evidente fin comercial basado en la creación de relaciones estables de confianza y cooperación.

Este tipo de prácticas ha existido siempre, como costumbre social admitida e incluso muy frecuente en algunos sectores a lo largo de todo el año.

Sin embargo, la aceptación de regalos por parte de los empleados puede generar conflictos de intereses a nivel interno, por colisionar directamente con el respeto exigible hacia los valores y principios de las empresas que, cada vez más, abogan por aplicar criterios de transparencia, integridad, independencia, ética y responsabilidad social en el desarrollo de su actividad.

Precisamente la incorporación de estos principios al elenco de valores empresariales lleva a las organizaciones a cuestionar la idoneidad de ciertas prácticas, como la aceptación de regalos por parte de los empleados con motivo de su desempeño profesional.

Como parte de ese alineamiento, estas cuestiones pueden afrontarse hoy en día con una adecuada regulación interna, ya sea a través de circulares, políticas, códigos de conducta, normativas anti-soborno, etc., que definan qué prácticas en el seno de las relaciones comerciales y clientelares serían admisibles y aceptadas y cuáles no, fijando las acciones y pasos a dar en este último caso, todo ello como parte del compliance laboral de la organización.

El contenido de estas normas internas puede ser muy variado; en ocasiones prohíben la percepción y realización de cualquier tipo de regalo, con independencia de su valor; en otros casos, admiten aquellos obsequios que no excedan de un determinado valor económico o solamente si éstos forman parte de los productos o servicios ofrecidos por el cliente/proveedor donante. Pero lo cierto es que siempre existe un elemento común en tales normas, y es que definen y delimitan, como un traje a medida, los supuestos que la organización considera admisibles, razonables o tolerables a la hora de aceptar regalos (atendiendo al tipo de actividad, a los convencionalismos sociales, a la tipología de proveedores y clientes, etc.) y aquellos otros que suponen un abuso de confianza y un perjuicio para la transparencia y la imagen empresarial.

En definitiva, este tipo de códigos y normas internas permiten a las personas de una organización, especialmente las que tienen contacto con clientes y proveedores, saber dónde deben poner el límite en sus relaciones con terceros, aportando claridad sobre prácticas que per se pueden valorarse de muy distinta manera por cada individuo, ya sean trabajadores o empresarios.

El valor añadido que aportan estas normas internas es evidente cuando observamos las soluciones adoptadas por los órganos judiciales al analizar las medidas laborales adoptadas (principalmente el despido) por las empresas frente a los trabajadores que las incumplen. En aquellos casos en que el trabajador excede los límites marcados, la doctrina judicial se muestra favorable a la decisión del empresario, respaldando la misma si ha sido objeto previo de una política clara y plenamente comunicada.

En definitiva, principios y valores como la transparencia, la integridad, la ética o la responsabilidad social adquieren cada vez más relevancia en las empresas, por lo que su protección y mantenimiento se ven altamente reforzados con el establecimiento de políticas de compliance, en las que se fijen los límites, entre otras cuestiones, a la aceptación de regalos por parte de los empleados.

No debe obviarse que el respeto de estos valores puede ser esencial para el propio prestigio y reputación de la empresa en el mercado y, en definitiva, para su supervivencia