Esta semana se cumple el 6º Aniversario de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), que pretenden poner fin a la pobreza, proteger el planeta y garantizar que todas las personas gocen de paz y prosperidad para el 2030. Para las empresas que todavía no hayan empezado a trabajar en ellos… ¡es hora de hacerlo! No solo contribuirán a lograr una sociedad mejor, sino que también mejorarán su reputación corporativa. Repasamos las claves para ponerse al día en esta materia, y ofrecemos algún ejemplo de empresa que ha nacido con las siglas ESG en su ADN.

Con estos objetivos mundiales se pretende impactar de manera positiva en el mundo y que todos los actores, ya sea el gobierno, el sector privado, la sociedad civil y los propios ciudadanos, actuemos para dejar un planeta mejor a las sociedades futuras.

El objetivo ya no es solo para impactar positivamente en el mundo, que también, sino que son cada vez más importantes para las empresas pues ayudan a fortalecer su reputación y sus relaciones con los distintos grupos de interés. Y es que, en la actualidad, tanto los inversores como los propios consumidores buscan empresas que estén comprometidas con el medio ambiente, la equidad y la sostenibilidad.

Hoy en día, para gozar de buena reputación, no solo sirve que nuestro producto o servicio sea de calidad, los consumidores son mucho más exigentes, están más informados y quieren ver lo que hay detrás… Quieren que sus mismos valores éticos y medioambientales los comparta la empresa que contratan.

En este contexto, en una sociedad cada vez más verde y más comprometida con las problemáticas sociales, las empresas deben cumplir con los criterios ESG (las siglas en inglés de environmental, social and governance) que ayudan a medir el impacto de las empresas en la sociedad.

Está comprobado que aquellas empresas que se interesan por los criterios ESG aumentan su reputación corporativa. Y es que, si el objetivo de una empresa es solo ganar dinero, es posible que en unos años sus clientes y sus stakesholder se hayan alejado de ella y se vayan con la competencia, pues es cada vez más importante que las empresas se muestren comprometidas con la sociedad; este compromiso no es solo una utopía, es una realidad que está aquí para quedarse. Los consumidores exigen que las empresas no solo busquen su beneficio económico, sino que se comprometan con la sociedad y ayuden activamente a su desarrollo y crecimiento.

¿En qué consisten los criterios ESG?

  • Criterio ambiental: Se analiza cómo las empresas llevan a cabo actividades que afectan de manera positiva al medio ambiente, como por ejemplo disminuir las emisiones de carbono, gestionar eficientemente los residuos, el agua, instalar sistemas de climatización e iluminación eficientes, o impresoras de bajo consumo.
  • Criterio social: En este caso lo relevante es analizar la relación de la empresa con los empleados y verificar que, por ejemplo, se garantiza la igualdad de oportunidades independientemente del género, la conciliación laboral, el buen ambiente empresarial, la retención del talento, la ciberseguridad o la protección de datos personales de los clientes o proveedores.
  • Gobierno corporativo: Se refiere a la forma en que está dirigida y administrada la empresa. El gobierno corporativo se centra en el comportamiento de la empresa, en gestionar los controles internos, el riesgo o las políticas de transparencia.

Tradicionalmente se ha considerado que el cumplimiento de los criterios ESG era solo una obligación de las grandes empresas, y legamente es así, pues la Ley 11/2018, de 28 de diciembre, por la que se modifica el Código de Comercio, el texto refundido de la Ley de Sociedades de Capital aprobado por el Real Decreto Legislativo 1/2010, de 2 de julio, y la Ley 22/2015, de 20 de julio, de Auditoría de Cuentas, en materia de información no financiera y diversidad, que entró en vigor el 30 de diciembre de 2018, en su Disposición Transitoria establece que la obligación de presentar el estado de información no financiera será de aplicación exclusivamente a aquellas sociedades con más de 250 trabajadores. Pero lo cierto es que si queremos mantener la reputación de nuestra marca y asociarla a unos valores de sostenibilidad y buena gobernanza, todas las empresas deberían implementar los criterios ESG pues, aunque la mayoría todavía no tengan obligación legal de hacerlo, dicha implementación redundará en su beneficio y en la buena imagen de marca.

Las siglas ESG en el ADN

De hecho, en la actualidad, cada vez nos encontramos más con empresas que han nacido con las siglas ESG en su ADN. En el mundo de la moda hay buenos ejemplos de ello. Es el caso de firmas como María Malo, que recientemente vistió a la Reina Letizia con un vestido hecho de bambú orgánico. Esta marca, fundada por la diseñadora María Malo, licenciada en Ciencias del Medio Ambiente, tiene como valores “el respeto a la Naturaleza y a todas las personas involucradas en el proceso”. Otro ejemplo es la marca de vaqueros Bluyins, que confecciona productos a través de tejidos reciclados, o la reciente marca de ropa MOTI, fundada por tres amigas y ex compañeras de trabajo, con el objetivo de rescatar tejidos de pedidos cancelados por otras marcas a causa del Covid y darles una segunda vida consiguiendo así reducir el impacto de los residuos que inundan el planeta.

Pero aquellas empresas que desde el inicio no hayan incorporado estos criterios están a tiempo de adaptarse a las nuevas exigencias del mercado, de fijarse metas razonables que alcanzar relacionadas con mejorar el medio ambiente y la sociedad y, junto a ellas, crear un storytelling convincente que ayude a mejorar su reputación corporativa. No nos olvidemos que el consumidor actual es un consumidor exigente, que se cuestiona cómo sus hábitos de compra afectan al planeta, que gracias a las redes sociales conoce muchas más marcas, y seguramente se fijará solo en aquellas con las que compartan sus mismos valores.

Por lo tanto, las empresas deben preocuparse por lo que dicen y por lo que hacen ya que de esto dependerá gran parte de su reputación, evitando perder el tren de la sostenibilidad ya que, si se coge tarde, es posible que nunca se alcance la meta.

Y es que ESG y ODS son siglas que han venido para quedarse, para recordarnos que absolutamente todos, como individuos, como miembros de una comunidad, podemos ayudar a los que nos rodean, a mejorar el medioambiente y apoyar a los más desfavorecidos y esto, lejos de ser un esfuerzo o una inversión sin retorno, nos ayudará a crecer, económica y personalmente.