La inducción a la terminación regular de un contrato, para que pueda ser considerado acto de competencia desleal, debe ir acompañada de alguna de las circunstancias expuestas en el apartado 2 del artículo 14.2 de la Ley 3/1991, de 10 de enero, de Competencia Desleal, entre las que se encuentra la intención de eliminar a un competidor del mercado.

Esta es una circunstancia subjetiva, pero como destaca el Tribunal Supremo su constatación puede objetivarse mediante hechos que la ponen en evidencia. En todo caso, la referida sentencia destaca que no siempre que la contratación de trabajadores ajenos comporte la eliminación del competidor podrá entenderse que ha mediado una intención de eliminación, porque “una cosa es que la contratación de trabajadores de un competidor pueda ocasionar a la postre su eliminación del mercado, y otra distinta que la principal finalidad o propósito perseguido al inducir a los trabajadores a que cesen en sus relaciones contractuales con el reseñado competidor sea su eliminación del mercado. Esto último, que es lo que se tipifica en art. 14.2 LCD, ocurre cuando el inductor no está tanto interesado en el beneficio propio y directo que le genera la contratación de trabajadores que lo habían sido del competidor, como privar a éste de aquellos trabajadores para generar su ruina”.