MUS. Ya saben que no me refiero al único juego de naipes que merecería ser deporte olímpico si no fuera porque nos llevaría mucho tiempo enseñar al resto del mundo a jugar y mirando no se aprende, sino al Mecanismo Único de Supervisión (el acrónimo inglés es “SSM” – Single Supervisory System, más fino pero mucho más soso) que empezó a aplicarse el pasado martes 4 de noviembre. Atrás quedan muchos meses de negociaciones, preparativos y alguna que otra pirueta jurídica para lograr que el BCE se hiciera cargo del asunto. El MUS es una de las piezas –quizá la más importante- de la denominada “Unión Bancaria” (las otras son un mecanismo único de resolución y, algún día, un sistema también único de garantía de depósitos).

Hay quien ha dicho que estamos ante la cesión de soberanía más importante desde la creación del Euro y puede que sea cierto. ¿Qué va a ocurrir a partir de ahora? Pues algo muy parecido, realmente, a lo que ocurrió en el plano monetario con la introducción del Euro. Si lo miramos desde el prisma de las decisiones, acabamos enseguida: el BCE se convierte en el responsable último de la supervisión prudencial de todas las entidades de crédito que operan en la Eurozona.

El BCE va a supervisar directamente –es decir, va a desempeñar sin intermediarios las funciones de inspección y control que ahora, respecto a las entidades españolas, desarrolla el Banco de España- a las entidades más significativas que, por cierto, en España son casi todas las que tienen una mínima relevancia, por mor de la concentración experimentada por el sistema bancario en nuestro. Para las demás se aplicará un sistema de supervisión delegada, es decir, el responsable último seguirá siendo el BCE, pero las tareas del día a día seguirán siendo desempeñadas por las autoridades nacionales.

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El BCE es también titular de la competencia en los denominados “procedimientos comunes” (la concesión de nuevas licencias bancarias o la autorización a la transferencia de participaciones significativas, por ejemplo), pero serán las autoridades nacionales las que pongan “la ventanilla” e instruyan los procedimientos. Por tanto, ni el Banco de España ni las demás autoridades supervisoras nacionales van a desaparecer de mapa ni van a quedar sin funciones. Al igual que ocurre en el caso de la Reserva Federal, el sistema de supervisión de la Eurozona –al igual que su sistema monetario- no queda enteramente asignado a una institución única, sino a un conjunto de instituciones, siendo correcto hablar de “mecanismo” o “sistema” (por cierto, para curiosos, el Bundesbank también estaba, y está, organizado así: como un sistema federal de bancos centrales, como corresponde al federalismo de ejecución alemán).

Pero no todo es armonía. El MUS –que es un mecanismo de supervisión que se aplica en la Eurozona- funciona en un entorno regulatorio extremadamente complejo. Las competencias regulatorias no residen, salvo por delegación específica, en las autoridades que integran el MUS, sino en las fuentes comunitarias que emiten normas no solo para la Eurozona sino para toda la UE y en las fuentes nacionales, que siguen teniendo un campo relativamente amplio. Por otra parte, están sujetas al MUS solo las “entidades de crédito” tal como las definen las directivas comunitarias (entre nosotros: bancos, cajas de ahorros y cooperativas de crédito), pero no otros intermediarios ya auxiliares financieros. Y tampoco está asignada al MUS la supervisión de la normativa de ordenación bancaria que no tenga un carácter estrictamente prudencial (a título de ejemplo: la normativa de protección de la clientela). Es verdad que aquí nadie habló nunca de claridad, así que el que se sienta decepcionado debió ajustar sus expectativas…

¿Es el MUS una buena cosa? Ciertamente, sin MUS no hay Unión Bancaria así que, ¿es la Unión Bancaria una buena cosa? Digamos que es algo coherente con un mercado interior que se proclama y quiere ser único, y sí, aunque haya quien pueda discrepar, convengamos en que la coherencia es una buena cosa. Conviene, no obstante, mantener un sano escepticismo.

La Unión Bancaria nos situará en mejor posición frente a una crisis en la medida en que crea, por lo menos, una sensación de mancomunidad –cuando exista un único fondo de resolución y un único sistema de garantía, será algo más que una sensación-. Tras un banco no estará la potencia financiera de un estado sino la potencia financiera de toda la UE (para fetichistas de los estados: quiero decir “muchos más contribuyentes”). Pero está por ver que el MUS sea capaz de prevenirlas. En otras palabras: la próxima crisis –o su ausencia- nos dirán si verdaderamente tenemos una supervisión de más calidad de la que teníamos o no.  Confiemos en que sí, confiemos.

Se dice también que las cosas irán mejor porque existe menos riesgo de captura del supervisor por las entidades y este estará menos condicionado políticamente. Dicho de otro modo: a supervisor más grande y más lejano, menos influenciable. Y, bueno, sí, como razonamiento no está mal, pero cualquiera que haya visto funcionar un órgano comunitario –cualquiera- tendrá sus reservas. De nuevo, confiemos en que salga bien.

Tampoco se trata de pinchar globos innecesariamente. Hoy es un gran día porque un proyecto europeo de enorme envergadura ha llegado a término. Y eso, por sí, ya es para felicitarse. Veremos cómo sale pero, desde luego, lo que no parece justificado es la nostalgia por lo que queda atrás.