Las empresas que ocupan a 50 o más trabajadores tienen la obligación de habilitar un comedor al no disponer los trabajadores de dos horas efectivas para el almuerzo o comida, sin que dicha obligación pueda sustituirse por la instalación de máquinas expendedoras.

Sentencia del Tribunal Superior de Justicia del País Vasco de fecha 7 de marzo de 2017 (AS\2017\113)

La demanda de confl icto colectivo tiene por objeto dar respuesta a si la mercantil tiene la obligación de instalar en su centro de trabajo un comedor de empresa en los términos previstos en dos antiguas normas del año 1938 –Decreto de 8 de junio de 1938 y Orden Ministerial de 30 de junio de 1938–. Al respecto, los citados textos imponen a las empresas establecidas en locales permanentes en los que desarrollen su actividad 50 o más trabajadores, la obligación de habilitar un espacio dotado de los medios personales y materiales para que sus empleados puedan almorzar a un precio módico.

La posibilidad de acomodar las normas dictadas en 1938 a este momento histórico pasa por admitir fórmulas alternativas a la apertura de un comedor en el propio centro de trabajo, lo que en aquella fecha resultaba viable teniendo en cuenta el tipo de empresas que ocupaban 50 trabajadores o más y la clase de instalaciones en que desarrollaban su actividad, pues en la actualidad resulta más difícil por múltiples causas como la falta de espacio, la oposición de la empresa propietaria del local, la denegación de las licencias preceptivas o por ser excesivamente oneroso.

No obstante, el Tribunal entiende que hay que tener en cuenta que el signifi cado que tiene hoy día el comedor de empresa y la realidad social de este país es muy diversa de la de entonces. En efecto, la imposición a las empresas de cierta dimensión de la obligación de establecer un servicio de comedor para el personal, además de perseguir otros objetivos ideológicos y propagandísticos, antiguamente trataban de mejorar las condiciones de los trabajadores y preservar su dignidad, evitando que efectuasen las comidas “sentados en las aceras de las calles o alrededores de fábricas o talleres, expuestos a las inclemencias del tiempo y sin que los presida el decoro y sentido de orden que todos los actos de la vida han de tener”, como se precisaba en el Preámbulo del Decreto de 1938.

En la actualidad, ese benefi cio social, en lo que respecta al personal que trabaja a jornada partida sujeto a fl exibilidad horaria, permite conseguir los siguientes objetivos: 1º) Efectuar el almuerzo en el propio centro de trabajo, o en un lugar cercano, evitando el estrés que produce tener que ir al domicilio, sea en el propio vehículo o en transporte público y regresar al trabajo en un período muy limitado de tiempo, lo que contribuye a la mejora del equilibrio psíquico y de la productividad, amén de eliminar los costes de desplazamiento. 2º) Reducir la duración de la pausa intermedia y adelantar la hora de salida, de forma que en el caso que nos ocupa posibilita que todos los trabajadores fi nalicen su jornada a las 18 horas, lo que facilita notablemente la conciliación de la vida laboral, personal y familiar, la modifi cación de los roles de género y la corresponsabilidad. 3º) Comer a un precio más reducido que el que aplican bares y restaurantes, lo que en una época de contención salarial como la que vivimos adquiere singular relevancia. 4ª) Disfrutar de una dieta sana, equilibrada y variada que ayuda a conservar la salud y a reducir el absentismo. Lo hasta aquí razonado basta para acoger la tesis de la obligación de prestar el servicio de comedor.

No obstante, el Tribunal también resuelve si la puesta a disposición de máquinas expendedoras automáticas constituye un sistema alternativo válido para cumplir con la obligación de prestar el servicio de comedor.Sin embargo, un servicio de la naturaleza a la que alude la empresa no permite tener cumplido el deber que le incumbe porque el recurso diario a ese tipo de alimentación no garantiza una dieta sana, equilibrada y variada, como la que está obligada a procurar la empresa, aparte de los riesgos derivados del posible deterioro de los productos y de los problemas de todo tipo que una alimentación diaria de esa clase genera.