El trabajador autónomo que presta servicios para una empresa que le proporciona los materiales y herramientas, todo ello bajo la supervisión de la empresa y sin asumir riesgo alguno de la actividad, es en realidad un trabajador por cuenta ajena.

Sentencia del Tribunal Supremo, de 24 de enero de 2018 

El objeto de la sentencia radica en analizar la laboralidad de la relación existente entre un profesional dado de alta en el régimen especial de trabajadores autónomos, y la empresa para la que prestaba servicios en virtud de un contrato marco de colaboración para la ejecución de obras consistentes en el montaje y reparación de ascensores.

En el año 2013, el volumen de trabajo de la compañía descendió notablemente, por lo que la empresa comunicó al profesional la finalización de su relación profesional ante la inexistencia de trabajos que realizar.

El profesional demandó a la empresa por despido alegando que la relación entre las partes era laboral. La demanda fue desestimada por el Juzgado de lo Social de Las Palmas declarando la incompetencia del orden social. Sin embargo, la Sala de lo Social del TSJ de Canarias anuló la sentencia de instancia, declarando la competencia del orden social.

Finalmente, a colación de un recurso de unificación de doctrina interpuesto por la empresa, el Pleno de la Sala de lo Social del Tribunal Supremo recuerda que para determinar si una relación es laboral o mercantil se han de observar los siguientes criterios: (i) la realidad fáctica debe prevalecer sobre el nomen iuris del contrato; y (ii) se debe aplicar la presunción iuris tantum de laboralidad con respecto a las prestaciones de servicio retribuidas.

Asimismo, el Tribunal Supremo, recuerda que, en todo caso, para que una relación sea laboral han de concurrir las siguientes notas características: dependencia, que puede apreciarse a partir de indicios como la asistencia al centro de trabajo, el sometimiento a horario, el desempeño personal del trabajo, la inserción del trabajador en la organización de trabajo, la ausencia de organización empresarial propia por parte del profesional; y, ajenidad, siendo indicios de dicha característica la entrega o puesta a disposición del empresario por parte del trabajador de los productos elaborados o de los servicios realizados, la adopción por parte del empresario de las decisiones concernientes a las relaciones de mercado o de las relaciones con el público, como fijación de precios o tarifas, selección de clientela, indicación de personas a atender, el carácter fijo o perió- dico de la remuneración del trabajo, etc

En aplicación de las consideraciones anteriores, el TS concluye que la relación entre las partes es laboral por: (i) la existencia de ajenidad en los frutos del trabajo para la empresa; (ii) la empresa asume la obligación de una retribución fija/garantizada para el profesional; (iii) el profesional no asume riesgo empresarial de ninguna clase, ni dispone de medios materiales propios para la realización de su actividad profesional; y, finalmente, (iv) concurre la nota de dependencia ya que “los trabajos llevados a cabo por el demandante (montaje de ascensores y elevadores y su eventual reparación) se prestan dentro del ámbito de organización y dirección de la mercantil demandada que es la que proporciona no solo los bienes de equipo, sino las instrucciones de montaje”.