Es de madrugada, cuando el bosque bajo el cuidado del intrépido Juan Luis Ruz comienza a incendiarse. Él no lo duda y, contra la instrucción de privilegiar su seguridad, entra —pala en mano— para ayudar a aplacar el fuego. Hablo con conocimiento, porque dicho bosque pertenece ami familia. Tuve acceso directo a su testimonio: en medio del incendio, repentinamente escuchó un ruido ensordecedor y en el cielo distinguió un volumen gigante, a la altura de la copas de los árboles, que dejó caer una descarga descomunal de agua. “Fue como una ola del mar que reventó con toda su fuerza sobre mí”, aseguró Ruz.

Cuesta comprender la ingratitud de algunas autoridades al bajarle el perfil al generoso aporte de Lucy Ana Avilés, predicando la ineficacia del SuperTanker y tildando su efecto de “simple llovizna (…) de un avión que solo puede volar a gran altura (…) sin producir un beneficio real”. La verdad es otra: con una sola descarga, salvó el 80% del bosque. García Márquez acuñó el término “realismo mágico” para un contexto mucho más interesante; en este caso, cabe hablar de “cretinismo mágico”.

Por otro lado, como abogado especialista en propiedad intelectual, destaco otro punto. Nuestro ex anónimo héroe no resistió la tentación de registrar con su celular el momento en que el agua le caía encima y luego decidió compartirlo, desatando una inesperada exposición mediática. Juan Luis Ruz me contactó inmediatamente para asesorarlo acerca de la viralización de su video, ya que estaba recibiendo ofertas para firmar contratos de todas partes del mundo para utilizarlo.

Es interesante constatar que todas las ofertas comienzan con la pregunta: “¿Fue usted efectivamente el que filmó el video?”. Ello da cuenta de un pleno reconocimiento de un derecho de autor sobre los videos domésticos que circulan por millones en las redes sociales. De hecho, muchas personas suben videos personales anecdóticos para que circulen libremente, pero ello no implica que dichas filmaciones no estén amparadas por el derecho de autor. Muy por el contrario, están protegidas a nivel nacional e internacional con penas hasta de cárcel (Ley 17.336 y Convenio de Berna, entre otros). De ahí la cautela de los medios de resguardarse legalmente.

Los videos que usualmente circulan están disponibles ya sea porque sus autores han accedido a que lo hagan en forma gratuita, abdicando de sus derechos patrimoniales sobre ellos, o bien porque han celebrado un contrato con agencias que compran sus derechos, para luego comercializarlos bajo distintos modelos de negocios. La experiencia de Ruz nos lleva a reflexionar sobre la realidad jurídica de que todo video que produce un particular es susceptible de protección autora! y le asiste el derecho de impedir su reproducción, capitalizar patrimonialmente su uso y ejercer las acciones legales en caso de reproducción no autorizada.