Hace pocas semanas encontramos en la prensa la noticia de que un juez del Civil District Court irlandés había negado una indemnización por daños y perjuicios a tres reclamantes en un caso de accidente de tráfico.

Los reclamantes, conduciendo un coche de alquiler en el año 2013, sufrieron un accidente de tráfico con otro vehículo en Dublín. En este caso, los reclamantes demandaron a la empresa de alquiler de vehículos, asegurada por Allianz, alegando haber sufrido lesiones y daños morales tras el accidente, que un testigo describió como un "leve rasguño" con otro vehículo.

El Juez Groarke, tras examinar las declaraciones y las pruebas aportadas por los reclamantes llegó a la conclusión de que sus versiones no tenían una credibilidad que permitiese hacerles merecedores de una indemnización por unos daños que no habían resultado acreditados.

Pero no solo es que dos de los informes médicos aportados por los reclamantes fuesen prácticamente idénticos, o que las declaraciones de los reclamantes fuesen incoherentes –como la declaración del conductor, en la que no fue capaz de identificar en qué posición del vehículo iban sentados los reclamantes-. También destaca el Juez Groarke que el hecho de que uno de los reclamantes solicitase un intérprete para el juicio cuando él mismo había servido de intérprete para otro de los reclamantes en los reconocimientos médicos resultaba, cuanto menos, significativo.

Esta serie de incongruencias y el hecho de que las lesiones y el impacto que supuestamente había tenido el accidente en el estado de ánimo de los reclamantes fuesen desproporcionados teniendo en cuenta que el accidente había consistido en un choque leve, hizo al Juez Groarke rechazar la pretensión de los reclamantes de ser indemnizados.

Aunque este caso se refiera a un tribunal irlandés y a un accidente de tráfico, podemos ver ciertas similitudes con las reclamaciones alimentarias que los ciudadanos británicos están últimamente interponiendo de forma masiva tras sus estancias en hoteles españoles. En estos casos, los reclamantes suelen también reclamar sin informes médicos o con informes prediseñados por los despachos de abogados que presentan estas reclamaciones, de lo que no se pude desprender un relato cierto que demuestre el nexo causal entre la estancia en el hotel y una supuesta intoxicación, lo que hace sospechar en muchos casos que se trata de reclamaciones fraudulentas.

Podríamos por lo tanto entender que, ciertas jurisdicciones como la irlandesa, están elevando los estándares de prueba para conceder estas indemnizaciones. Y al igual que el boom de las reclamaciones por accidentes de tráfico precedió al boom de las reclamaciones por intoxicación alimentaria, podríamos entender que estos pasos de los tribunales para detener las reclamaciones de tráfico fraudulentas podrían, deseablemente, preceder a una mayor exigencia probatoria de los tribunales ingleses a la hora de conceder indemnizaciones por intoxicaciones alimentarias.