RECIENTE INTERPRETACION AUTENTICA EMITIDA POR LA ASAMBLEA LEGISLATIVA.

Una de las situaciones inherentes a las actividades productivas que más ocupa esfuerzos por parte de las empresas, es la reducción de pérdidas o mermas resultantes de las actividades propias de producción o comercialización.

La merma se entiende como la disminución del volumen, peso o unidad de medida utilizada sobre los bienes debido a diferentes factores entre los que pueden encontrarse la propia naturaleza del producto, su almacenaje, conservación, transporte y manipulación para la venta. Por su parte, una pérdida en la acepción que incumbe a la normativa fiscal es comprendida como la efectiva ausencia de los bienes sin que éstos hayan sido comercializados y le hayan podido producir ingresos a la Compañía. 

La legislación salvadoreña en materia de Impuesto sobre la Renta, al definir el costo deducible de los bienes establece en su artículo 28 las reglas generales de deducibilidad, entre las cuales dispone que la renta neta se determinará deduciendo de la renta obtenida los costos y gastos necesarios para la producción de la renta y para la conservación de su fuente que dicha ley determine, así como las deducciones que la misma establezca, los cuales deben cumplir con todos los requisitos de deducibilidad prescritos en la Ley, no siendo deducibles los costos y gastos que se vinculen con actividades generadoras de rentas no gravadas o que no constituyan renta. 

A su vez el artículo 29 numeral 11 de la Ley de Impuesto sobre la Renta dispone que será deducible de la renta obtenida el costo de los productos vendidos. Las interpretaciones que las Autoridades Tributarias en tal sentido, excluían de la posibilidad de deducción aquellos productos o bienes que por cualquier razón no concluían con una venta efectiva, entre ellos por razones de mermas sobre tales productos o pérdidas de los mismos, ya que el mismo artículo en mención establece que es deducible de la renta obtenida únicamente el costo de producción correspondiente a los bienes que se hayan vendido en el ejercicio o periodo de imposición respectivo

De tal manera que las diferencias entre los productos producidos y los vendidos debían considerarse como gastos no deducibles, con el consecuente perjuicio económico para las empresas, las cuales además de recibir el impacto de la pérdida en sí se ven afectados al no poder aprovechar fiscalmente los importes en que ha incurrido para la producción de tales bienes. 

No obstante, a través de Decreto Legislativo No. 345 de fecha 30 de mayo de 2019, se realizó una Interpretación Auténtica al artículo 28 de la Ley de Impuesto sobre la Renta en el sentido que de acuerdo a tal Decreto deberá entenderse por costo y gasto necesario para la producción de la renta y para la conservación de su fuente, los costos de compra y todos aquellos que sean necesarios y propios del negocio, destinados exclusivamente a los fines del mismo y como consecuencia deducibles de la renta obtenida, tales como todas aquellas mermas, pérdidas, o gastos incurridos necesariamente para la producción de renta y para mantener la fuente generadora de ingresos, independientemente del rubro de que se trate, en los sectores de industria, comercio o servicios que implique una forma medible, reconocible, que sea inherente a la actividad y con un costo real, en la actividad desarrollada, como por ejemplo el comercio de bienes perecederos, el comercio de bienes de consumo, textiles, la industria eléctrica en todas sus etapas, el sector hidrocarburos en todas sus etapas, entre otros. No obstante el mismo Decreto establece como requisito para ser deducible que la merma, pérdida, gasto o costo estén debidamente documentados y reconocidas o acreditadas por los organismos vigentes o entidades reguladoras correspondientes. 

En consecuencia, será necesario para considerar una merma o pérdida como deducible, que exista un reconocimiento por parte de un organismo regulador del sector económico al cual corresponda el Contribuyente. En tal sentido, en principio parecería que la deducibilidad de las pérdidas o mermas podrán ser aprovechadas por las empresas que se encuentren en mercados regulados. En todo caso es recomendable analizar la particular situación de cada empresa antes de tomar una decisión sobre deducir o no fiscalmente las mermas o pérdidas de producción.