Se anticipa que la demanda de electricidad latinoamericana se duplique entre 2010 y 2030, requiriendo USD430 billones de inversiones adicionales. Chile no es la excepción en esta tendencia. El país actualmente tiene un pico de demanda de aproximadamente 15GW, sin embargo la caída global de producción de cobre ha resultado en la disminución de la demanda chilena, con un incremento de tan sólo 2-3 por ciento en 2015, comparado con el incremento de demanda anual promedio del 5 por ciento.

Chile ya es uno de los líderes mundiales en generación de energía renovable y se confía que el país superará su objetivo de estar energizado al 70 por ciento por energías renovables en 2050. De hecho, el estimado del potencial de generación solar es tal que los reguladores e inversionistas confían en que Chile estará completamente energizado por renovables llegando el 2050.

Paradójicamente, en 2015 los generadores de energía solar y eólica tuvieron que verter su suministro destinado a la red de distribución principal, el Sistema Interconectado Central ("SIC"), que provee al 92 por ciento de la población. Uno de los problemas principales fue que la sección norte del SIC, de tipo desértica y donde se concentran los generadores solares, carece capacidad adecuada de transmisión. Por otro lado el operador del SIC prefirió continuar la generación en cuando menos tres unidades (alrededor de 75MW) de la estación Guacolda de 152MW, alimentada por carbón. Se ha comentado que esto refleja la realidad en muchos otros países en donde los operadores de generación convencionales, por razones técnicas, son renuentes a proveer su flexibilidad total al sector de energías renovables.

Para aliviar la sobreoferta solar en el SIC, se tienen planes para su interconexión con el Sistema Interconectado del Norte Grande ("SING"). El SING es la red de transmisión chilena más norteña, alimentada actualmente por energía más cara producida con carbón. Se espera que la interconexión de 3,000-kilómetros entre en funciones a comienzos del 2018.

Se tiene también la intención de resolver estos problemas de planeación de infraestructura con el proyecto de Ley de Transmisión. Ésta fijará objetivos de planeación a largo plazo para asegurarse que la capacidad de generación quede empatada con la capacidad de transmisión, y se creará un sistema de transmisión unificado junto con un operador independiente. Sin embargo el proyecto tiene aspectos contenciosos, muchos de los cuales están siendo revisados por una comisión conjunta de senadores y diputados. Una de las áreas contenciosas es el desarrollo de proyectos hidroeléctricos, y particularmente la gestión de los riesgos que se perciben en materia de impacto ambiental y social.

Mientras tanto, si bien algunos inversionistas han comenzado a instalar plantas solares más al sur en zonas metropolitanas, donde la capacidad de transmisión es más robusta, incluso se continúan desarrollando obras en aquéllas regiones que han experimentado vertimientos. Esta inversión refleja confianza en que las limitaciones de infraestructura serán superadas en mediano plazo. También es una señal de los requerimientos energéticos a largo plazo en un país de economía creciente, y cuyas plantas de generación convencionales finalizarán su vida útil entre 2030 y 2045.