Click here to view image.

El 4 de diciembre pasado, en la sentencia del caso T-3/15 el Tribunal General confirmó que la solicitud de marca de K-Swiss consistente en dos series de cinco líneas paralelas carecía de carácter distintivo.

La solicitud de marca comunitaria designaba Zapatillas de atletismo, a saber, zapatillas de tenis, zapatillas de baloncesto, calzado para carreras campo traviesa y jogging, calzado náutico y zapatos informales.

Para la OAMI las cinco líneas paralelas no tenían carácter distintivo al ser un adorno banal cuyo uso, el de las rayas, está ampliamente extendido en el calzado deportivo.

Aunque el consumidor pueda prestar más atención, a la hora de realizar su elección,  en aquellos calzados de importe más elevado, esta suposición no es algo que pueda deducirse sin pruebas que lo acrediten. En este sentido, la prueba aportada por K-Swiss no fue considerada  suficiente por la OAMI.

El Tribunal General coincidió con la Sala de Recursos en que la marca solicitada consistía en la simple yuxtaposición de líneas que difícilmente podría adquirir distintividad por el uso por el mero hecho de estar situadas en el lateral del zapato.

De hecho, indica el Tribunal, muchos fabricantes de zapatos de deporte o de zapatos “casual” usan patrones relativamente simples de líneas o rayas que también ponen en el lateral del calzado”. Por tanto, razona, el signo, tal cual se posiciona en el lateral del zapato no puede ser percibido de forma inmediata como un signo identificador del origen empresarial del producto.

K-Swiss argumentaba que esta concepción iría contra las costumbres del mercado ya que es una práctica muy común, disponer la marca del fabricante en los laterales del zapato y que, por lo tanto, el consumidor, está acostumbrado a identificar estos signos de los laterales con el origen empresarial del producto. Para el Tribunal, sin embargo, el hecho de que las rayas en cuestión cubrieran la práctica totalidad de la zapatilla y que “adecuaran” su disposición y su forma a la propia zapatilla, no hace sino reforzar la idea de que dicho signo, no puede apreciarse por sí solo como elemento identificador.

El Tribunal continúa diciendo que, no se ha demostrado que el consumidor preste especial atención a los signos laterales de los zapatos  y que, de tenerla, la distintividad de ese tipo de signos recae más bien en la intensidad de su uso y no a la posición en que se hayan.

El Tribunal, en definitiva, considera que no se ha probado suficientemente que el consumidor vaya a reconocer este signo, en general banal, como una indicación de origen y no como un elemento meramente decorativo u ornamental. Según la opinión del Tribunal, aceptar que un mero elemento decorativo o las formas geométricas más simples, por el mero hecho de posicionarse en el lateral de un calzado, constituyan marcas haría posible que se pudieran monopolizar cuando, en realidad, deben ser accesibles a todos los operadores.

La buena noticia es que al basar sus razonamientos en una falta de prueba, queda abierta la puerta a futuros casos en los que las pruebas que se aporten puedan llegar a convencer al Tribunal General o incluso a la propia OAMI.