Durante las últimas décadas, la biotecnología se ha erigido como uno de los campos de la ciencia con mayor proyección futura y sobre la cual una gran cantidad de naciones han puesto su mirada como un pilar de desarrollo a largo plazo, considerando su amplio número de aplicaciones y el avance a pasos agigantados de la tecnología de la información actual, que permite explotar aún más su potencial.

Y es que la biotecnología ya ha demostrado ser una opción de crecimiento en múltiples sectores económicos, encontrando aplicaciones de alta importancia en sectores como el farmacéutico, alimentario, veterinario, cosmético, medioambiental, agrícola, energético, entre otros, que la convierten en una oportunidad para aquellos países en vía de desarrollo en busca de un impulso para el progreso de sus economías.

Es entonces en la biotecnología en la que un país como Colombia, el cual ocupa el segundo lugar después de Brasil en biodiversidad mundial al albergar alrededor del 10% de la fauna y flora del planeta, puede encontrar posibilidades de gran impacto para su crecimiento económico y desarrollo tecnológico. Sin embargo, no es un reto sencillo si se tiene en cuenta la poca inversión que, lamentablemente, es destinada para I&D en el país. Por ejemplo, según datos del Banco Mundial para el año 2014, Colombia destinó alrededor del 0.2% del PIB para este propósito, un valor significativamente menor al promedio mundial de alrededor del 2%, y mucho menor al del país número uno en este aspecto, Corea del Sur, cuya inversión en I&D se encuentra por encima del 4% del PIB.

De esta manera, el gobierno, la academia y las empresas deben trabajar en conjunto para transformar esa enorme biodiversidad en una fábrica de conocimiento e innovación que se traduzca en soluciones a problemáticas tanto locales como globales, las cuales a largo plazo permitan estrechar la gran brecha económico-tecnológica entre Colombia y los países más desarrollados del mundo.

Es así como en la apuesta por la investigación en general como motor de desarrollo, y en particular en la dirigida a la emergente biotecnología, la propiedad intelectual juega un papel determinante para su progreso; esto debido a que las herramientas de protección de las invenciones, como las patentes, influyen en gran medida en la decisión de las empresas de invertir o no su capital en determinado sector, y aún más en el biotecnológico, que es sin duda uno de los de más alto costo tanto en I&D como en elaboración de productos y diseño de procesos.

De ahí que sea posible evidenciar en diferentes países una tendencia alcista estrechamente relacionada entre el gasto en I&D y la presentación de solicitudes de patente, convirtiéndose estas en un claro indicador de la innovación y actividad inventiva de un país. A manera de ejemplo, lo anterior es claramente visible si se compara el número de solicitudes de patente presentadas en Colombia y Corea del Sur, usando los datos proporcionados por el Banco Mundial a este respecto para el mismo año mencionado anteriormente. En Colombia, en el año 2014 fueron presentadas 260 solicitudes de patente por parte de residentes y 1898 por parte de no residentes; valores mucho menores a los de Corea del Sur en donde los números ascienden a 164073 solicitudes de patente presentadas por parte de residentes y 46219 por parte de no residentes para el mismo año.

Por lo tanto, es necesario un cambio de visión por parte del gobierno de Colombia que promueva la inyección de capital público y privado en I&D, el cual este soportado por un sistema de propiedad intelectual que provea una protección jurídica adecuada a las invenciones y retribuya los esfuerzos económicos realizados en la innovación. Teniendo en cuenta las características del país, Colombia tiene todo el potencial para establecer, como uno de los pilares de su economía, su propia biodiversidad en conjunto con la biotecnología; no obstante, a día de hoy, esta última se encuentra muy subestimada.

En este sentido, el desafío de Colombia para los próximos años es el de reconocer y aprovechar el inmenso potencial para la investigación científica que posee, en especial en cuanto a biotecnología se refiere, con el fin de en un futuro tener la capacidad de ofrecer productos y servicios con altos estándares de calidad y valor agregado, derivados de una explotación sostenible de sus recursos naturales que vaya de la mano con políticas que aseguren condiciones técnicas, legales y económicas propicias para su realización.