En su reciente sentencia de 30 de diciembre de 2015 la Sala de lo Civil del Tribunal Supremo ha resuelto un interesante duelo entre templarios.

La cuestión que se suscitaba era si la demandante, titular de la marca comunitaria «Templario», tenía derecho a impedir el uso del signo «Templario» como título de la película que el sujeto demandado comercializa en España. La demandada se basaba en el art. 9.1 del Reglamento de Marcas Comunitario (RMC). El Tribunal Supremo ha concluido que no.

La protección conferida por la marca es absoluta cuando hay identidad entre signos y productos o servicios. En estos casos, no es preciso demostrar la existencia de riesgo de confusión pues la ley la presume.

En primer lugar, el Alto Tribunal comenzó su análisis preguntándose si en el supuesto enjuiciado, además de identidad de signos (cuestión no discutida), también existía identidad entre productos y servicios, como alegaba la demandante.

Pues bien, a pesar de que la marca comunitaria de la demandante se había registrado para, entre otros, "aparatos e instrumentos...cinematográficos" (clase 9ª) y "actividades... culturales" (clase 41ª), el Tribunal Supremo considera que no existe identidad entre tales productos o servicios y la obra cinematográfica de la demandada: “Entre los productos para los que se ha registrado la marca no se encuentra la identificación de una concreta obra cinematográfica" - afirma el alto Tribunal.

Si bien el título de una película de cine, como el de cualquier obra objeto de propiedad intelectual, puede ser registrada como marca para identificar productos y servicios "se excluye la obra intelectual, cuyo título, en cuanto identificación de la obra no es susceptible de protección marcaria".

Descartada la identidad entre productos y servicios, el Tribunal Supremo prosigue el análisis examinando la concurrencia de riesgo de confusión, es decir, valora si el uso del signo «Templario» por la demandada como título de la película puede ser percibido por los consumidores como indicador de procedencia empresarial del producto.

Y concluye que no: "En nuestro caso - razona el Tribunal Supremo - el uso del término "Templario" como título de una obra cinematográfica no encierra una conexión idónea para indicar el origen empresarial de la película (por ejemplo, del productor o de quien la comercializa). El título de la obra cinematográfica guarda relación (descriptiva, sugestiva o alegórica) con el contenido de la obra, de tal forma que para un consumidor medio no informa sobre su origen empresarial y no resulta idóneo para generar confusión".

El uso del signo «Templario» como título de una obra cinematográfica no es, por tanto, un uso distintivo sino descriptivo al que precisamente por ello no puede oponerse el titular de la marca.