Nuestro Socio Director, Sr. Enrique Martin, ha sido ponente en el debate interactivo celebrado en VITAFOODS EUROPE en Ginebra el pasado miércoles 10 de mayo. VITAFOODS es el evento nutracéutico global para ingredientes y materias primas para los suplementos dietéticos y las industrias de alimentos y bebidas funcionales.

Enrique Martín debatió con la Sra. Katia Merten-Lentz, Socia del bufete Keller y Heckman LLP, sobre Regulación y, en especial, sobre si la preocupación por la protección de datos y la privacidad, o la acción de los lobbies, puede causar que el Regulador ralentice el ritmo de la innovación.

Resumen de su intervención:

“Empezaré diciendo que, si hay un conflicto de derechos, la libertad está primero y antes que la innovación. Sin embargo, en mi opinión, el mayor enemigo de ambos son los reguladores y no la industria. No tengo miedo de la industria sino de los reguladores, ya que la libertad y el espíritu emprendedor caminan juntos.

Quisiera destacar la cuestión de la libertad de elección de los consumidores, por ejemplo cuando buscan una nutrición personalizada, frente a las necesidades de seguridad y control social. Como en muchos otros aspectos de las sociedades modernas, las políticas regulatorias en el sector nutracéutico reflejan el debate entre la seguridad y la libertad. Los gobiernos y los movimientos populistas utilizan el miedo como herramienta de propaganda para controlar y manipular a la población.

Aldous Huxley, en su profética novela “A BRAVE NEW WORLD”, imaginó una sociedad esclavizada por la droga de la felicidad, el llamado soma (hoy en día podríamos hablar de las drogas de la salud, la belleza y la juventud). En la novela, los gobernantes totalitarios dan a sus ciudadanos exactamente lo que creen que necesitan.

Las instituciones de la UE están avanzando para regular casi todos los aspectos de nuestras vidas, intentando protegernos de nosotros mismos. Muchos ciudadanos rechazan la interferencia de los burócratas en sus propias decisiones, personales y libres. Debe haber una línea en la que nuestro libre albedrío prevalezca sobre el derecho de los gobiernos a imponernos sus normas, incluso si pretenden hacerlo por nuestro propio bien.

Obviamente, los consumidores son principalmente ciudadanos. Si pueden votar, pueden elegir. Defiendo el libre albedrío de los consumidores medios, normalmente inteligentes, observadores y circunspectos, siempre y cuando reciban información precisa y científica (que en los procesos electorales, en realidad, no reciben).

Los reguladores deben controlar las afirmaciones nutricionales y de salud, así como los usos de los datos personales. Pero defiendo la privacidad de los consumidores, cuando establecen un contacto directo con un proveedor de nutracéuticos a través de una aplicación o un servicio basado en web. Esto también es una cuestión de derechos civiles.

También defiendo el derecho de competencia de la industria de la UE. Es bastante paradójico que las instituciones de la UE permitan la venta de productos homeopáticos en las farmacias, cuando se ha demostrado que no son más que placebos. También, que permitan a los chamanes, curadores y gurús prestar sus servicios en nuestros países. Se trata de las mismas instituciones que imponen una regulación compleja, larga y costosa, a la industria europea, que le impide competir en igualdad de condiciones con empresas que disfrutan en sus países de un entorno jurídico más relajado, enfocado en la industria. No se puede defender los derechos de los consumidores de la UE sin una industria de la UE.

Así pues, cuanto menor sea la regulación, mayor será la libertad y la innovación.”