El reciente aumento en Europa de las competiciones online de videojuegos deportivos (también conocidas como los “e-sports”) está llevando a algunos países a plantearse la necesidad de dotarlas de un marco legislativo propio. Ello se debe a que este tipo de actividades reúnen ciertas similitudes con las actividades de juego común y que están sujetas a una regulación y control estricto por parte de las autoridades públicas.

En este sentido, el pasado 30 de junio el Parlamento francés impulsó la tramitación del proyecto de régimen jurídico que aplicará a las competiciones de e-sports (artículo 42 del proyecto de ley “République Numérique”) y que se espera sea aprobado y entre en vigor durante las próximas semanas. Dicha regulación establece los criterios para diferenciar cuándo dichas competiciones se engloban dentro del ámbito de las loterías –siendo por tanto de aplicación el principio de prohibición de las loterías y los juegos de azar– y cuándo podría entenderse que escapan de dicha regulación y por lo tanto, pueden desarrollarse de forma lícita.

Dicho régimen jurídico distingue entre las competiciones que requieren que los jugadores estén físicamente presentes durante su desarrollo -quedando en este caso excluidas del principio de prohibición- y las que se desarrollan vía online. En este último caso, deberá realizarse el llamado “test de las cuatro fases” para determinar si pueden desarrollarse de forma lícita,  y que consiste en verificar si se cumple con que: (i) el jugador espera ganar un premio por su participación; (ii) la oferta para participar en la competición es pública; (ii) el resultado de la competición depende, al menos en parte, del azar; y (iv) la participación en la competición implica la una aportación económica por parte de dicho jugador.

Al margen de Francia, actualmente los e-sports ya cuentan con algún tipo de regulación también por parte de países como Estados Unidos, Reino Unido o Alemania. En España y al margen de algunas iniciativas sectoriales, todavía no se ha abierto el debate sobre si este tipo de eventos merece ser dotado de un régimen propio.

No obstante, la mayor tradición en esta clase de competiciones proviene de Corea del Sur, país que dicha actividad se considera un fenómeno de masas y cuenta no solo como una regulación propia e instituciones especializadas sino también con un reconocimiento como deporte olímpico de segundo nivel y con millares de seguidores en todo el mundo. Está por ver si en Europa este tipo de actividades gozará del mismo acogimiento un futuro, aunque todo indica que es muy probable que así sea.