En China el mono se identifica con inteligencia, actividad y flexibilidad y  estas son, por tanto, las características que se espera traerá el nuevo año que hoy iniciamos, aunque lo cierto es que los cambios siguen produciendo cierto miedo y aprehensión.

La economía china se encuentra en plena migración: de un modelo basado en la actividad manufacturera para abastecer la demanda internacional a un coste competitivo, hacia un modelo más centrado en las posibilidades que presenta la propia demanda interna y en la innovación como herramienta para posicionarse respecto de la demanda internacional.

Hoy en día, gran parte del peso de la economía china recae en el creciente sector de servicios, que en 2015 pasó a representar más de un 50% del Producto Interior Bruto (PIB).  Hemos asistido a la primera quiebra de una compañía estatal china y determinadas industrias enfrentan una situación de sobrecapacidad, un problema que hasta el momento no ha sido abordado con éxito y del que derivan desafíos importantes (el desempleo, la acumulación de la deuda empresarial,etc) y que seguro centrará la agenda económico-legal de este año.

Todos estos aspectos traerán, sin duda, una mayor apertura del mercado al inversor extranjero, con la esperanza de instaurar y cristalizar criterios de eficiencia. En este contexto, se espera un importante movimiento en el área de las fusiones y adquisiciones, tomas de control como alternativa a la pérdida de cuota de mercado frente a unos competidores locales cada vez más sofisticados; un repunte de las operaciones de reestructuración, que ya el año pasado empezaron a incentivarse activamente desde el punto de vista de su tratamiento fiscal, y reformas financieras dirigidas a permitir una más eficaz asignación de los recursos económicos.

En el plano legal, se espera también una flexibilización de los controles administrativos y las restricciones aplicables para que los operadores internacionales accedan al sector servicios y, en particular, al de las telecomunicaciones y las tecnologías de la información. Diversas políticas para reducir las limitaciones a la financiación extranjera están ahora en fase de prueba en las zonas de libre comercio, para valorar su expansión al ámbito nacional.

A nivel fiscal, siguiendo la dinámica de los dos últimos años, se esperan políticas que incentiven y estimulen las actividades relativas a la innovación, la investigación y el desarrollo como motor del cambio de modelo económico.

Habrá que ver cómo se conjugan estos intereses con los problemas que plantean otras cuestiones en las que China es más reacia a mostrarse aperturista, como por ejemplo los retos en materia de privacidad que plantea la nueva ley antiterrorista. 

Y, por último, se espera que los inversores chinos continúen su expansión internacional. Las operaciones de adquisición desde China en el extranjero se mantendrán como una constante bajo políticas como el programa “One Belt, One Road”, que busca conectar China y Europa siguiendo la antigua ruta de la seda.

 ¡Feliz Año Nuevo!