Uno de los grandes misterios de Internet ha sido quién había detrás de la figura de Satoshi Nakamoto, supuesto inventor de Bitcoin y de sus protocolos técnicos. Durante años encontrar al auténtico arquitecto de este sistema de moneda virtual se convirtió en un asunto de interés para medios como The New YorkerVice o Forbes. De hecho, incluso una publicación tan prestigiosa como Newsweek tuvo que rectificar un artículo en el que había proclamado que Nakamoto era un ingeniero que vivía en Los Angeles, debiéndose retractar posteriormente de dicha información. Este misterio, no obstante, parece haberse resuelto en las últimas horas.

En efecto, según han publicado hoy BBCThe Economist y GQ, el empresario australiano Craig Wright ha reconocido que él encabezó el grupo de desarrolladores que puso en marcha la tecnología Bitcoin y que, por tanto, él sería Satoshi Nakatomo. Para probar dicha condición el Sr. Wright ha aportado una serie de claves privadas de cifrado utilizadas en los primeros tiempos de implantación de la tecnología Bitcoin, acreditando por tanto el control sobre elementos fundacionales de los protocolos utilizados por este sistema de moneda virtual.

Una vez desvelado el misterio, cabe plantearse una pregunta obvia: más allá del interés periodístico (e incluso del morbo) de saber quién era realmente Satoshi Nakamoto, ¿Es relevante saber quién puso en marcha el sistema Bitcoin? La respuesta es afirmativa, sin ningún tipo de dudas. Para ello hay que tener en cuenta tanto razones tecnológicas como propiamente legales.

Por una parte, el hecho de que se haya descubierto quién ostentó el control técnico sobre el sistema de generación de Bitcoins (que se basa en una generación limitada de dicha moneda, atendiendo a la creciente dificultad de los problemas matemáticos que deben resolverse para poder generar nuevas monedas) tiene una importancia capital. Y es que hay hay que tener en cuenta que el Sr. Wright, en cuanto que arquitecto de todo el sistema, puede tener un conocimiento técnico que le otorgue una ventaja sobre los demás agentes que intervienen en la generación y distribución de esta moneda. Ello implicaría una evidente amenaza a la estabilidad de un sistema que, por definición, aspira a ser descentralizado pero también escasamente estable.

Este riesgo de desestabilización aumenta si se tiene en cuenta que el Sr. Wright (o el grupo de personas que se escondían detrás de Satoshi Nakamoto) parece ser el titular de más de un millón de Bitcoins. Esta cuantía estaría retenida por Wright, sin que se haya puesto en circulación todavía. La liberación de tal cantidad de moneda tendría potencialmente un efecto explosivo en el entorno de esta moneda virtual, al redimensionar drásticamente la cuantía de Bitcoins en circulación. En otras palabras, la eventual puesta en circulación de esta cuantía podría provocar una devaluación significativa del valor de las Bitcoins, replanteando los parámetros actuales de fluctuación de esta moneda virtual.

Por otra parte, la revelación de la identidad del Sr. Wright tiene también una significativa importancia legal (al menos para él). Las autoridades estadounidenses han venido considerando de forma recurrente que la puesta en marcha de Bitcoins constituye un delito federal, al implicar un instrumento susceptible de interferir en la fluctuación del dólar estadounidense. Así ya lo consideró el FBI en un informe de 2012, de modo que la identificación de la persona que estaba realmente detrás de Satoshi Nakatomo podría dar lugar a una solicitud de extradición por parte de las autoridades estadunidenses.

Teniendo en cuenta todo lo anterior, parece que la historia de Satoshi Nakatomo abandonará el género del misterio para entrar de pleno en el siempre difícil campo de las historias de abogados.