El pasado 18 de noviembre la Court of Appeal de la High Court of Justice de Inglaterra y Gales dictó sentencia en el caso que enfrentaba a las discográficas BSI Enterprises (BSI) y Cayman Music (Cayman), como demandantes, y Blue Mountain Music (“Blue Mountain”), como demandado, sobre la titularidad de los derechos de autor sobre la música y letras de trece canciones de Bob Marley, entre las que se encontraba la conocida “No Woman No Cry”.

Los apelantes, BSI y Cayman alegaban ser, respectivamente, el titular y el licenciatario de los derechos sobre las canciones, por lo cual, reclamaban los correspondientes royalties recibidos por el demandado.

Que BSI fuera el titular de los derechos dependía de la interpretación desde el punto de vista lingüístico y no de derecho inglés (sobre lo que no había desacuerdo entre las partes) que se diera a un contrato de 1992 entre una empresa del grupo Island –del que forma parte el demandado Blue Mountain- y Cayman. Según el demandado, los derechos -originariamente titularidad de Cayman-, fueron transferidos a Island mediante el mencionado contrato, perteneciéndole ahora a Blue Mountain, empresa del grupo Island.

Sin embargo, los apelantes mantenían que los derechos sobre estas trece canciones no fueron transferidos a Island sino que Cayman siguió siendo el titular después del contrato, transfiriéndolos posteriormente a BSI.

La sentencia pone de manifiesto que, tal y como ya estableciera la High Court, se puede apreciar que el contrato, de extensión considerable, había sido redactado por un experto. Sin embargo, el uso incoherente de términos, referencias y definiciones producía una importante confusión sobre la cesión de los derechos sobre las referidas canciones.

El objetivo del pleito, tal y como explica la sentencia, consistía en determinar qué querían decir las partes con el lenguaje utilizado en el contrato. Para ello, había que determinar el significado que tendría dicho lenguaje para “una persona razonable” que dispusiera de toda la información sobre los antecedentes de la que disponían las partes en el momento en el que formalizaron el contrato.

Tras el análisis realizado, la Court of Appeal confirma la decisión de la High Court y concluye que las canciones estaban comprendidas en el objeto del contrato, dando al lenguaje del mismo su sentido normal en el contexto de que se trataba, y no afectando ciertas disposiciones que, sin considerar dicho contexto, podrían haber sugerido lo contrario.