“Es hora de la acción mundial, por las personas y el planeta”. Éste es el lema bajo el que Naciones Unidas presentó el pasado mes de septiembre la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible. Durante los próximos 15 años tenemos por delante el reto de eliminar el hambre y la pobreza, reducir el calentamiento global y conseguir la igualdad de géneros.

Los objetivos de desarrollo para el 2030 se han fijado sobre la base de los valores universales de igualdad, justicia, diversidad cultural, paz y seguridad. Naciones Unidas hace una llamada a la acción para que todos, en la medida de nuestras posibilidades, asumamos el compromiso de cuidar nuestro mundo y construir un mundo mejor. Países, gobiernos, ONG, empresas, academia, sector privado y ciudadanos estamos a llamados a movernos por el cambio.

En los últimos tiempos hemos asistido a un incremento de la conciencia social, del compromiso por cuidar y proteger el desarrollo sostenible del planeta. Los medios de comunicación y las redes sociales nos informan constantemente sobre las situaciones de emergencia, y sobre las necesidades que surgen a pequeña y a gran escala. La globalización y los avances tecnológicos están cambiando nuestra concepción del mundo.

Las formas de ayudar a los demás también están evolucionando. El tradicional concepto de caridad, entendido como el dar, está dando paso a una responsabilidad por conseguir resultados, por ayudar generando conocimiento y aportando valor. Ya no se trata de aliviar carencias, sino de resolver los problemas sociales de origen. Esta concepción nos lleva a reflexionar sobre cómo trabajamos, cómo desarrollamos nuestros negocios y cómo vivimos nuestro día a día. No solo importa lo que hacemos sino cómo lo hacemos.

Tanto la sociedad civil como el mundo empresarial se preguntan qué papel pueden y deben desempeñar en la mejora del mundo. El concepto de filantropía tradicional está siendo revisado y cada vez son más las iniciativas de proyectos de ayuda social que se diseñan e implementan de forma estratégica y con rigor profesional.

Con el objetivo de conocer este nuevo escenario sobre responsabilidad social, el pasado 10 de diciembre, Día de los Derechos Humanos, presentamos el evento “La filantropía del siglo XXI”, bajo el lema “cada paso que damos deja huella”. Tuvimos la ocasión de conocer modelos de filantropía de éxito a través del testimonio de sus impulsores, todos ellos protagonistas de esta nueva conciencia sobre la necesidad de contribuir a mejorar el mundo con un enfoque de vanguardia. El compromiso social debe ir unido a la aportación de valor para conseguir un cambio social duradero, eficiente, sostenible y con un impacto medible.

Los testimonios que escuchamos presentan un modelo de filantropía “catalítica”, es decir, se ponen en marcha actuaciones en las que el compromiso social tiene un efecto dinamizador, de impulso que moviliza los distintos agentes y que utiliza todos los recursos disponibles aportando además conocimiento práctico. Los testimonios que escuchamos han sido una llamada a la acción, un mensaje común de que todos podemos ser motores del cambio. Tenemos por delante 15 años de un camino en el que todos los pasos que demos dejarán huella, no solamente en nuestra vida sino en la de nuestro entorno.